
¡Agarren sus rosarios porque esto no es un simulacro! La noticia que está rompiendo el internet este inicio de 2026 no es un nuevo romance de Neymar o de ningún futbolista famoso, sino la vida de Kamila Rodrigues Cardoso. La mujer que tenía a todos los diseñadores babeando y que incluso llegó a representar a Brasil en Miss Universo pues le dijo adiós a Gucci y le dio la bienvenida al hábito.
A sus 21 años, Kamila lo tenía todo: coronas (fue Miss Continente Teen), contratos millonarios y una cara que parecía tallada por los mismos ángeles, mismos a los que ahora les reza. Sin embargo, tras la muerte de su padre, la «depre» y la ansiedad sacudieron su vida y su estabilidad emocional.
Se dice que en plena pasarela, varias veces sintió que «le faltaba el aire». El vacío no se llenaba con portadas de revista, y en un momento de iluminación digno de película, vio a una monja y dijo: «¡Ese es mi outfit definitivo!».
Lo complicado de esta historia es el acoso (con respeto) que sufre en redes sociales. Como la ahora, hermana Eva es tan guapa, sus videos en TikTok e Instagram (donde tiene más de 50 mil seguidores) están inundados de comentarios como:
«Hermana, ¡yo peco por usted!» «¿No quiere un esposo terrenal?»
Pero ella simplemente sonríe y dice que ya está «casada con Jesús».

Y claro, no por haberse convertido en monja dejó de ser hermosa… en los últimos días, se ha vuelto viral un video de ella vendiendo llaveros y artículos religiosos en las calles de Sol Nascente (una de las favelas más grandes) para construir su convento.
Los «haters» y criticones no han tardado en notar que la Hermana Eva ¡sigue usando maquillaje y tiene una manicura perfecta!, pues resulta que su congregación es «independiente», lo que le permite mantener ese toque de Miss mientras sirve a los pobres.
La conspiración en redes dice que todo esto es una jugada maestra del Padre Ribamar, un cura que es toda una celebridad en internet, para atraer jóvenes a la iglesia. Sea como sea, Kamila (o Eva) está logrando que miles de jóvenes vuelvan a mirar hacia el altar… aunque sea para ver si ella está dando la misa.

