Durante una emisión del programa Netas Divinas, Galilea Montijo normalizó una situación que encendió el debate en las redes sociales, ¡aquí te contamos, comadre!

Una reciente emisión del programa Netas Divinas encendió un acalorado debate en redes sociales tras una revelación de la conductora Natalia Téllez. Durante la mesa de diálogo, Natalia compartió que a los 16 años decidió irse a vivir con quien fuera su pareja en ese momento, una persona de 22 años.
La anécdota provocó una reacción inmediata por parte de la comediante Sofia Niño de Rivera, quien intervino rápidamente para señalar la gravedad de la situación, enfatizando que un vínculo de esa naturaleza entre un adulto y una menor de edad configura una ilegalidad.
Sin embargo, el momento que desató la mayor ola de indignación entre la audiencia fue la intervención de Galilea Montijo. Al intentar matizar el comentario de Natalia, Galilea justificó la dinámica argumentando que “en aquellos años era otro México”, una frase que lejos de suavizar el tema, fue interpretada por los espectadores como una normalización de relaciones asimétricas e impropias con menores.

Las críticas no se hicieron esperar en plataformas digitales, donde usuarios recriminaron la falta de perspectiva de género y la ligereza con la que se abordó un problema estructural.
Esta controversia volvió a poner bajo la lupa un patrón ampliamente documentado en la industria del espectáculo, donde durante décadas se romantizaron noviazgos entre adultos y adolescentes. Uno de los casos más mediáticos en México fue el de la cantante Sasha Sökol y el productor Luis de Llano, una relación que comenzó cuando ella tenía apenas 14 años y él 39, y que años después la propia intérprete denunció públicamente como un abuso de poder. Un patrón similar se vivió en el matrimonio de Gloria Trevi y Sergio Andrade, gestado cuando la cantante era una menor de edad en una dinámica de control y explotación.

El episodio vivido en Netas Divinas demuestra cómo la conversación pública ha cambiado drásticamente. Lo que en el pasado solía etiquetarse bajo la excusa de «otra época» o «historias de amor intensas», hoy es señalado de forma contundente como una vulneración a los derechos de los menores, exigiendo responsabilidad y rigor ético a las figuras con presencia en medios masivos.