Icono del sitio Elisa Beristain

El Espejismo de la Perfección: La Verdad sobre los Biopolímeros

Biopolímeros enquistados

Imagínate que vas por un cambio estético sencillo y terminas con una «bomba de tiempo» en el cuerpo. Eso es, básicamente, lo que sucede con los biopolímeros. Estas sustancias —que van desde silicona líquida hasta parafina o incluso aceite industrial— son materiales sintéticos que no son aptos para el cuerpo humano. Se inyectan con la promesa de rellenar glúteos o labios de forma rápida y barata, pero el problema es que el organismo no los reconoce y empieza a defenderse, generando una guerra interna que puede durar décadas.

Lo más aterrador es que estas sustancias tienen «vida propia»: se mueven, se filtran a otros órganos y causan desde inflamaciones crónicas hasta deformidades severas.

Muchos famosos han caído en las manos de supuestos especialistas que, con una jeringa llena de promesas, cambiaron sus vidas para siempre.


Aquí hay que ser muy directos: con los biopolímeros no hay buenas experiencias a largo plazo. Si alguien dice que «le quedó increíble», es probable que solo sea cuestión de tiempo para que el cuerpo reaccione.

Sin embargo, si hablamos de procedimientos de relleno exitosos, la diferencia radica en el material. Las «buenas experiencias» en la farándula vienen de quienes utilizan ácido hialurónico (que el cuerpo absorbe) o la transferencia de grasa propia (lipotransferencia).

La lección aquí es que el cuerpo tiene memoria y no perdona los materiales extraños. No se trata de criticar las ganas de verse mejor, sino de denunciar a quienes venden veneno como si fuera juventud. Como dicen por ahí: «Si el relleno es eterno, el problema también lo será».

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