Galilea Montijo aclara el problema de salud en su rostro tras críticas en redes sociales. Conoce los detalles sobre su lesión nerviosa y el impacto de la presión estética.
Tisteza y depresión. El precio de la imagen perfecta ha vuelto a pasar una factura altísima en los pasillos de la televisión mexicana, y una vez más la protagonista de la tormenta es Galilea Montijo. En medio del deslumbrante arranque de la nueva temporada de La Casa de los Famosos México, la mirada del público no se centró en los concursantes, sino en el rostro de la tapatía: una aparente falta de movilidad y rasgos inflamados desataron una oleada brutal de críticas en redes sociales. Sin embargo, la historia detrás del foro dista mucho de ser un simple retoque cosmético y se ha transformado en un calvario de salud física y emocional.
La propia conductora rompió el silencio para aclarar que no se trata de un vanidoso capricho estético, sino de una severa afectación médica: un nervio facial dañado que hoy le genera síntomas similares a los de una parálisis. No obstante, las versiones en los pasillos de la empresa aseguran que la situación alcanzó un punto de quiebre.
Trasciende que sus médicos de cabecera se habrían negado rotundamente a realizarle más procedimientos al considerar que su rostro ya estaba impecable; ante la negativa, presunatmente Montijo habría optado por cambiar de clínica y especialistas, siendo en esta nueva intervención donde ocurrió el presunto fallo nervioso.
La mañana de este miércoles, Galilea se dejó ver visiblemente ojerosa y con el rostro hinchado, denotando la pesada carga de probalbemente haber llorado antes de salir al aire tras lidiar con el colapso de las críticas destructivas y el dolor físico.
Más allá del morbo y la especulación mediática, el caso de Galilea abre una rendija necesaria para poner sobre la mesa el tema de la dismorfia corporal. Este trastorno mental se caracteriza por una preocupación obsesiva y desproporcionada por defectos percibidos en la apariencia física, los cuales suelen ser imperceptibles para los demás.
La dismorfia lleva a quienes la padecen a someterse a interminables e innecesarios procedimientos quirúrgicos en busca de un estándar inalcanzable. Entre la presión desmedida de las redes sociales, la falta de ética de cirujanos que operan a destajo y la búsqueda incesante de la eterna juventud, la salud mental y física se convierten en la primera baja de una industria implacable.