Descubre los mitos y leyendas paranormales en salas de cine de México: desde Cinépolis Tepeyac hasta el histórico Cine Futurama.

¿Alguna vez te has quedado en una sala de cine hasta que se encienden las luces, sintiendo que alguien más te observa desde las últimas butacas? El ambiente mágico y oscuro de un cine, una vez que la película termina y el lugar queda en un profundo silencio, suele transformarse en el escenario perfecto para lo inexplicable. Uno de los relatos que más resuena entre los trabajadores nocturnos es el fantasma que habita en el Cinépolis de Plaza Tepeyac, en la Ciudad de México.
Quienes tienen la tarea de cerrar y limpiar las salas de este complejo de madrugada aseguran que, al recorrer los pasillos con sus linternas, a menudo se percibe una sombra densa sentada en las butacas de hasta atrás, inamovible, mirando fijamente hacia la pantalla apagada.
Otros empleados relatan el sonido de pasos apresurados bajando las escaleras cuando ya no hay clientes, puertas de los sanitarios que se azotan solas y la sensación de una mirada pesada, como si un espectador que nunca salió de la función los estuviera acechando en la oscuridad.

Pero Plaza Tepeyac no es el único lugar donde el terror traspasa la pantalla. Uno de los casos más documentados de nuestro país es el del mítico y antiguo Cine Futurama, al norte de la capital. Aunque hoy en día funciona como centro cultural, este recinto es famoso en la investigación paranormal por el fantasma de una niña de unos siete años, vestida de blanco, a la que se le escucha hacer botar una pelota por los pasillos; según la leyenda extraoficial, ella habría sido víctima de un incendio ocurrido en el lugar hace décadas.
Asimismo, existen reportes escalofriantes en complejos como el Cinemex de Avenida Hidalgo, donde los trabajadores han narrado haberse acercado a clientes solitarios que, tras un destello de luz en la pantalla, desaparecen por completo frente a sus ojos. Incluso en tu región, en Jalisco, exploradores urbanos y veladores reportan de manera constante lamentos, ruidos y siluetas moviéndose entre los pasillos de los grandes e icónicos cines abandonados de los años setenta en el centro de Guadalajara.

Frente a esta gran cantidad de testimonios, la parapsicología y los investigadores de lo paranormal tienen una teoría muy clara sobre por qué los cines son auténticos imanes para los entes. Las salas de proyección son espacios cerrados y aislados, diseñados para la inmersión total, pero sobre todo, son gigantescos acumuladores de emociones humanas. Durante años y en múltiples funciones diarias, miles de personas liberan en esas butacas altísimos niveles de adrenalina, terror, llanto, euforia y tristeza.
Toda esa energía intensa se impregna en los muros, en las alfombras y en la atmósfera. En el mundo del ocultismo, se sostiene que los espíritus y las llamadas entidades astrales necesitan alimentarse de esta energía residual emocional para poder manifestarse. Un cine que queda completamente vacío, frío y sumido en la oscuridad, se convierte entonces en la caja de resonancia perfecta para que toda esa energía estancada tome forma material.
Así que, la próxima vez que vayas a la última función de la noche y sientas un escalofrío al salir, recuerda que quizá no seas el único espectador disfrutando del cine.
