
¿Correcto o incorrecto? El reciente fallecimiento del productor Pedro Torres ha generado un intenso debate en la opinión pública debido a las imágenes captadas durante su funeral. En ellas, se observa a Lucía Méndez tomando fotografías de su hijo, Pedro Antonio Torres, quien posaba con una aparente sonrisa frente al féretro de su padre.
Gran parte de la audiencia y usuarios en redes sociales han expresado su desaprobación, calificando el acto como una falta de respeto y una conducta inapropiada para un entorno de duelo. Muchos perciben esta situación como una «frivolidad» ante la pérdida de un ser querido por la búsqueda de una imagen estética en un momento solemne.

En medio del dolor, la familia de Lucía ha sido víctima de ataques y juicios por todas las redes sociales y medios de comunicación, como siempre, sin tener el contexto o desconociendo la dinámica de la actriz y su hijo en su seno familiar.
Para BerisTIME es importante comentar que cada familia y cada individuo procesa la pérdida de manera distinta. Tras meses de enfrentar la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), la familia ha manifestado sentir un «alivio» al saber que el productor ya no sufre, lo que podría explicar una actitud menos solemne de lo esperado por el público.
Lucía Méndez ha señalado que se trataba de un momento privado que fue captado y filtrado sin consentimiento, lo que abre el debate sobre los límites de la prensa y el público en eventos familiares íntimos.
Lo que para el exterior parece una falta de sensibilidad, para los involucrados puede ser una forma de celebrar la vida de quien partió o simplemente un gesto de unión familiar en medio de la tragedia.

Mientras el público se aferra a las normas tradicionales de luto, la familia Méndez-Torres parece haber vivido el momento bajo su propia dinámica personal, dejando el suceso en la delgada línea entre la etiqueta social y la libertad individual en el dolor.
Y es que es importante entender que en casos de enfermedades crónicas y degenerativas como la ELA, las familias suelen atravesar un proceso denominado duelo anticipado. Cuando el deterioro es prolongado, los seres queridos comienzan a despedirse y a procesar la pérdida mucho antes del deceso físico. En este contexto, el fallecimiento puede ser percibido no solo como una tragedia, sino como el fin de un ciclo de dolor, permitiendo que el funeral se convierta en un espacio de liberación y gratitud por el descanso del ser querido, más allá de las convenciones sociales de tristeza extrema.
