Conoce las historias de celebridades como Seth MacFarlane, Mark Wahlberg y Alejandra Guzmán que salvaron la vida gracias a giros de último minuto.
¿Señales divinas o coincidencias? A lo largo de la historia del entretenimiento, existen historias donde un simple contratiempo, un cambio de planes de último minuto o una decisión aparentemente trivial marcaron la diferencia entre la vida y la muerte. Varios artistas y celebridades han esquivado tragedias masivas gracias a giros del destino que parecen sacados de un guion de cine.
Uno de los casos más impactantes es el de Seth MacFarlane, creador de Padre de Familia. El 11 de septiembre de 2001, MacFarlane tenía programado abordar el vuelo 11 de American Airlines en Boston con destino a Los Ángeles. Sin embargo, la noche anterior asistió a una entrega de premios donde bebió de más, y a la mañana siguiente su agente le dio mal la hora de salida. Cuando llegó al mostrador, el abordaje ya se había cerrado por apenas diez minutos. Poco después, ese mismo avión fue secuestrado e impactado contra la Torre Norte del World Trade Center.
El actor Mark Wahlberg vivió una coincidencia similar ese mismo día. Tenía boletos para ese exacto vuelo de Boston a Los Ángeles, pero a última hora él y sus amigos decidieron alquilar un Charter para asistir a un festival de cine en Toronto antes de viajar a California, cancelando sus pasajes originales.
En la música mexicana, Alejandra Guzmán estuvo a punto de abordar el trágico vuelo de diciembre de 2012 donde perdió la vida Jenni Rivera. La cantante había sido invitada a subir al Learjet tras el concierto en Monterrey para viajar juntas hacia Toluca; sin embargo, compromisos en su agenda y la logística de su propio equipo la llevaron a tomar una ruta distinta, evitando abordar la nave horas antes de que se desplomara en la Sierra Madre Oriental.
Años atrás, en la era dorada del rock, el cantante Waylon Jennings cedió su asiento a J.P. Richardson, conocido como «The Big Bopper», en la avioneta que transportaba a Buddy Holly y Ritchie Valens durante una gira invernal en 1959. Richardson padecía una fuerte gripe y Jennings, por cortesía, le cedió el lugar para que no tuviera que viajar en el autobús congelado. La aeronave se estrelló minutos después de despegar en lo que se conoció como «El día que murió la música».
Coincidencias, retrasos o decisiones cotidianas que, en cuestión de minutos, transformaron un evento trágico en la oportunidad de contar la historia.