
Sofía Castro confiesa que el divorcio de Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera le dolió más que el de sus padres. «A él lo quise como a un papá», reveló.
En una de sus confesiones más íntimas y desgarradoras, Sofía Castro abrió su corazón frente a Aislinn Derbez para hablar de las cicatrices que dejaron los divorcios de su madre, Angélica Rivera. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula cuando la joven actriz admitió que la separación de Enrique Peña Nieto la marcó mucho más profundamente que la de su padre biológico, José Alberto «El Güero» Castro.
La actriz reveló que, para ella, el exmandatario no era solo el esposo de su mamá, sino una figura paterna real y presente.
«Para mí fue un papá»: El vínculo que nadie vio
Mientras el país entero veía una relación institucional, puertas adentro de Los Pinos se tejía una historia muy distinta. Sofía confesó que el cariño hacia Peña Nieto era tan genuino que su partida dejó un vacío irreparable.
- La Declaración: “A él lo quise muchísimo… para mí sí fue un papá literal”.
- El Dolor Silencioso: Sofía admitió que se «rompió» por dentro, pero tomó la decisión de no llorar para no sumarle más peso al sufrimiento de su madre.
- La Comparativa: Explicó que la madurez y la convivencia diaria hicieron que la ruptura con Enrique fuera emocionalmente más devastadora que la que vivió con «El Güero» Castro.
| Divorcio Rivera – Castro | Divorcio Rivera – Peña Nieto |
| Ruptura de los padres biológicos. | Pérdida de una figura paterna elegida. |
| Ocurrió en una etapa distinta de su vida. | Vivió el proceso bajo el escrutinio público total. |
| Relación que se mantuvo por el vínculo de sangre. | Ruptura definitiva de un núcleo familiar construido. |
| Sentimiento: Tristeza natural. | Sentimiento: «Me rompió el corazón». |
Responsabilidad emocional a temprana edad
La entrevista puso en evidencia la carga que Sofía Castro llevó sobre sus hombros durante años. El hecho de reprimir su propio duelo para actuar como el «pilar» de Angélica Rivera muestra una faceta de la actriz que el público desconocía: la de una hija que sacrificó sus lágrimas por la paz de su hogar.
Este testimonio no solo humaniza a una de las familias más polémicas de México, sino que también abre el debate sobre los lazos afectivos que se forman en las familias reconstituidas, donde el amor a veces pesa más que el ADN.