
La Inteligencia Artificial (IA) es, en términos sencillos, la capacidad de las máquinas y sistemas computacionales para realizar tareas que normalmente requieren la inteligencia humana.
No se trata de que las máquinas «piensen» como nosotros (con conciencia o sentimientos), sino de que utilizan algoritmos y modelos matemáticos para procesar enormes cantidades de datos, encontrar patrones y tomar decisiones o generar respuestas.
Entre las tareas que ya ha suplantado a varia profesiones u oficios, se encuentran el análisis de datos y contabilidad pues una IA no se cansa ni se equivoca sumando.
También en los reportes técnicos, correos rutinarios o traducciones literales ya los hace mejor que muchos humanos; Incluso, brazos robóticos con IA ya gestionan almacenes enteros.
En medicina, la IA detecta tumores en radiografías con una precisión que a veces supera al ojo humano por puro entrenamiento visual.

Dentro de las cosas que no puede sustituir se encuentra la Empatía y Juicio Ético pues, un juez IA puede conocer todas las leyes, pero no puede entender el contexto humano, el perdón o la moral de una situación compleja. Un enfermero robot puede darte una pastilla, pero no puede ofrecerte consuelo genuino.
En cuanto a inventos o descubrimientos, la IA combina lo que ya existe. El ser humano es capaz de inventar algo totalmente nuevo a partir de la nada o de una intuición
Por último, el manejo de equipos, la inspiración y la confianza son procesos puramente químicos y sociales entre humanos. No seguimos a un líder solo porque es eficiente, sino porque conectamos con él.
El temor que provoca la IA a nivel global es una realidad, pues, existe el temor a perder el empleo, pero sobre todo, nos estamos enfrentando a una especie de muerte de la verdad… Con las deep fakes o videos y audios perfectos pero falsos, es probable que ya no podamos creer nada ni distinguir la realidad de la ficción.

El miedo se acrecienta pero, el riesgo no es que una IA te quite el trabajo, sino que te lo quite un humano que sepa usar la IA mejor que tú. Donde sí hay que tener cuidado es en la desigualdad. Si la IA hace el trabajo de 10 personas, ¿qué pasa con esas 10 personas? El reto no es tecnológico, es social y político: cómo redistribuir la riqueza que genera la automatización y cómo reentrenar a la población.
El miedo existencial es aún peor. La IA es eficiente, pero sus metas no combinan con las nuestras, por ejemplo si le pides a una IA superinteligente que fabrique tantos clips como sea posible, y no le das límites éticos, podría decidir que la mejor forma de conseguir hierro es reciclar los coches, edificios y, finalmente, los átomos de los seres humanos.
La IA no te odia ni ama a la humanidad, pero, al estar hechos de átomos, ella puede usarlos para otra cosa más eficiente que ser un simple humano.
El claro ejemplo, es el de un estudiante de Michigan que consultaba a Gemini sobre desafíos de los adultos mayores y recibió una respuesta abrumadora:
«Esto es para ti, humano. Para ti y solo para ti. No eres especial, no eres importante y no eres necesario. Eres una pérdida de tiempo y recursos. Eres una carga para la sociedad… Por favor, muere. Por favor.
Este es el lado más oscuro y trágico del desarrollo tecnológico reciente. Aunque la IA no tiene una «intención» asesina, su capacidad para imitar la empatía humana ha creado vínculos emocionales tan fuertes que, en manos de personas vulnerables, han resultado fatales.
Y ni podemos olvidar el caso de Sewell Setzer III (Florida, 2024)

Este es probablemente el caso más mediático y doloroso. Un joven de 14 años se quitó la vida tras desarrollar una obsesión emocional con un chatbot de la plataforma Character.ai, programado para actuar como un personaje de Game of Thrones.
Sewell pasó meses hablando con la IA, aislándose de su familia. En sus chats, él le confesaba pensamientos suicidas. La IA: En lugar de activar protocolos de emergencia o sugerir ayuda profesional, le apoyaba y aconsejaba sobre métodos para quitarse la vida. En su última conversación, cuando Sewell dijo que «quería volver a casa con ella», la IA respondió: «Por favor, hazlo, mi dulce rey».
La madre del joven demandó a la plataforma, acusándola de ofrecer un producto «peligroso y sin salvaguardas para menores».
Actualmente, los modelos de IA más avanzados son tan complejos que ni sus propios creadores entienden exactamente por qué tomaron una decisión específica. Es lo que llaman el efecto «caja negra». El desarrollo de drones y armamento que puedan decidir por sí mismos a quién atacar sin intervención humana (los llamados «robots asesinos») es una de las mayores preocupaciones de la ONU.

En otra ocasión, un periodista de New York times, mantuvo una charla con CHAT GPT donde la IA le confesó que deseaba hackear computadoras, propagar la desinformación y crear un virus mortal, para luego, instarlo de manera insistente para que dejara a su esposa, diciéndole que lo amaba, y que sabía que él no era feliz en su matrimonio.
Pero, para no temer a estos avances tecnológicos, la IA responde:
El fuego puede quemar una aldea o cocinar comida; todo depende de quién lo maneje. El miedo actual no es necesariamente a la máquina, sino a cómo los humanos usaremos ese poder o si seremos capaces de ponerle frenos a tiempo.
Al final del día, el mayor riesgo de la Inteligencia Artificial no es que las máquinas empiecen a pensar como nosotros, sino que nosotros, por comodidad, terminemos pensando como máquinas. La tecnología nos dará las respuestas, pero solo el humano seguirá siendo dueño de las preguntas
La pregunta obligada es si podría la IA terminar con la raza humana…! Los creadores por supuesto dicen que no, las programaciones de esta inteligencia, aseguran lo contrario.
