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Amor sobre fronteras: El joven Kevin desafió al cáncer terminal para dar un último adiós a sus padres

La emotiva historia de Kevin González Ramírez, el joven de 18 años que resistió al cáncer terminal para morir en brazos de sus padres deportados en Durango.

Hay promesas que el cuerpo cumple incluso cuando la ciencia dice que es imposible. Esta es la historia de Kevin González Ramírez, un joven de apenas 18 años que convirtió su agonía en un acto de resistencia absoluta, motivado por un solo deseo: no irse de este mundo sin antes ver, por última vez, los ojos de quienes le dieron la vida.

Kevin fue diagnosticado con cáncer de colon hace 5 meses, lamentablemente, se encontraba ya en la fase terminal. Mientras su salud se desvanecía en una cama, sus padres no estaban a su lado. La realidad de miles de familias los había mantenido lejos; Kevin radicaba en Chicago con su hermano, mientras sus padres, residían en México tras haber sido deportados unos años atrás.

Cuando los médicos advirtieron que el tiempo de Kevin se contaba ya no en días, sino en horas, se desató una verdadera odisea humana. Sus padres, solicitaron permisos humanitarios para poder ingresar a USA y estar a su lado sin embargo, una y otra vez fueron denegados. , Tiempo después, fueron capturados tras su intento de cruzar la frontera de manera ilegal y llevados a un centro de detención en Arizona donde los retuvieron por más de 25 días.

Ante esta situación, Kevin, esperando se le permitiera subir a un avión por su condición, decidió viajar a Durango México, para estar en casa de su abuela y lograr su último deseo: ver a sus padres de nuevo.

Él se aferró a la vida con una fuerza que solo el amor filial puede explicar.

Finalmente, el día viernes, la pareja fue liberada y  tras 16 horas de viaje y de incertidumbre así como una carrera contra el reloj, la puerta de la habitación se abrió. El sonido de los pasos cansados de sus padres fue la señal que su alma necesitaba. No hubo necesidad de grandes discursos; en ese reencuentro hubo lágrimas, caricias en la frente y el calor de las manos entrelazadas que tanto había extrañado.

Kevin pudo escucharlos, se fundió en un abrazo que esperó por cinco meses, incluso presentó leve mejoría y logró salir de paseo con su familia, lamentablemente, al día siguiente,  finalmente, permitió que la paz lo inundara.

Solo después de haber cumplido su última voluntad, solo cuando supo que sus padres estaban a salvo a su lado, Kevin soltó la carga. Horas después de aquel abrazo final, el joven de 18 años cerró los ojos para siempre luego de decir con dificultad “YA NO PUEDO LOS  quiero MUCHO».

Kevin González Ramírez no solo perdió una batalla contra la enfermedad; ganó una batalla contra el tiempo y la distancia, demostrando que el amor es, en última instancia, el motor más poderoso de la existencia humana. Descanse en paz.

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