
En las estancias de los centros de cuidado en Hangzhou y Shanghái, un sonido metálico comienza a desplazar al murmullo humano. No es un fallo en la infraestructura, sino el latido de la nueva estrategia de supervivencia del país más poblado del mundo (hasta hace poco). China se encuentra en una carrera contra el tiempo, no para superar a otra potencia económica, sino para evitar que su propio éxito demográfico del pasado se convierta en su colapso social del presente.
Las antiguas determinaciones de permitir a la población un solo hijo, o incluso ninguno, años después, ve repercusiones. Durante milenios, la piedad filial (xiao) fue el contrato social de China: los hijos cuidaban de los padres. Sin embargo, la política del hijo único aplicada durante décadas creó una estructura familiar conocida como «4-2-1» (cuatro abuelos, dos padres, un solo nieto).
Hoy, ese «uno» es un joven profesional que vive en una megaciudad, sometido a jornadas laborales extenuantes y que no tiene la capacidad física ni económica para cuidar de seis ancianos. Ante la ausencia total de una generación de relevo suficiente, el estado chino ha comprendido que la «mano de obra» para el cuidado geriátrico simplemente no existe en forma humana.

Ahora, ante la escasez crítica de cuidadores humanos y la falta de población joven para renovar la fuerza laboral, China se ha visto en la necesidad de implantar planes estratégicos (como el Plan de Acción 2027) para desplegar:
Robots Humanoides: Capaces de asistir en la higiene personal, traslado de pacientes (soportando hasta 50 kg) y monitoreo de signos vitales.
Dispositivos como exoesqueletos que devuelven la movilidad a ancianos con discapacidades, permitiéndoles caminar sin ayuda humana.
Así como Sistemas de IA diseñados para mitigar la soledad, un problema creciente en hogares con un solo hijo o sin descendencia.
La automatización del cuidado en China es, en última instancia, un experimento forzado. Mientras que en Occidente el debate sobre los robots suele centrarse en el reemplazo de empleos, en China el debate es sobre el reemplazo de la ausencia.
Sin jóvenes para trabajar en las fábricas o para cuidar en los hogares, la robótica se ha convertido en el único pilar capaz de sostener la estructura de la segunda economía del mundo. China está demostrando que, cuando la demografía falla, la tecnología es la última frontera para preservar la dignidad humana en el invierno de la vida.
La adopción de robots en China no es una elección tecnológica de lujo, sino una necesidad de supervivencia social. Ante la falta de jóvenes, el «brazo mecánico» se ha convertido en el nuevo pilar del cuidado familiar y estatal.