
Historia enviada por otra de las comadritas de BerisTIME.
«Mi mamá falleció cuando yo era pequeña y fui criada por mi abuela. Por muchos años fuimos ella y yo contra el mundo pues sus hijos ya habían emigrado del pueblo donde vivíamos.
Mi abuela tuvo 4 hijos, 3 hombres y una mujer, 3 morenos y un rubio de ojos verdes. Cuando tuve edad para comprender algunas cosas, me contaron la historia de la familia, que por lo visto, conocían todos en el pueblo menos yo.
Mi abuelo que en paz descanse, se había ido a EU por poco más de un año a trabajar y mejorar las condiciones económicas en casa. Y sí, regresó con dinero, y con un bebé que concibió con una mujer de la calle en el país vecino. Como se usaba en esos tiempos, lo integró a la familia obligando a mi abuela, a criarlo como propio con todo el dolor que sentía…. Y lo hizo, no había prácticamente distinciones entre ninguno de sus hijos aunque claro, la gente es cruel, y de repente le gritaban a mi tío el rubio ‘adoptado’ por las calles o algunas cosas peores como ‘hijo de…’.
Mi abuela, fue la mejor madre para mí, nos amábamos y teníamos una complicidad maravillosa. Lamentablemente, ella murió cuando yo tenía 17 años, llevando la mitad de mi alma con ella.
En el funeral yo sentía que me moría y no me despegué de su cajón. Estuve horas abrazándolo. De pronto, llegó una tía que venía de la ciudad, me abrazó y me dijo: ‘¡Cómo te amaba! Te amó tanto, como si fueras su nieta de verdad’.
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El mundo se me vino encima… ¡la hija de aquella ‘prosti’, era mi mi madre! Ese día terminé en el hospital y no pude estar en el entierro, me quedé en shock, después, no podía respirar, me dio un ataque de ansiedad tan fuerte que sentía que me moría, y no me negaba a ello, quería que sucediera.
La irresponsabilidad de mi tía pudo acabar con mi vida… pero el tiempo me enseñó a entender y amar aún más a mi abuela, a estará agradecida eternamente con ella y saber que los lazos de amor no tienen que ver con los lazos de ADN».