¿Ser aburrido debería ser un derecho? en Beristime te traemos la crónica de una batalla de medio millón de euros 

¿Ser aburrido debería ser un derecho? en Beristime te traemos la crónica de una batalla de medio millón de euros 

¿Alguna vez has sentido que tu oficina es un campamento de verano forzado? El caso del Sr. T, a quien se ha denominado así por temas legales, no es solo una nota curiosa, es el manifiesto definitivo para cualquiera que prefiera su casa a un «after» obligatorio con el jefe. 

Todo comenzó en Cubik Partners, una consultora en París que vivía bajo el lema «Fun & Pro». En 2015, decidieron que el Sr. T ya no encajaba. ¿La razón oficial en su carta de despido? «Insuficiencia profesional». Pero la realidad era mucho más intensa,  la empresa lo acusaba de ser un «amargado», de no tener «sentido del humor» y de ser una piedra en el zapato para la convivencia del equipo.

Pero lo que la empresa vendía como convivencia, el Sr. T lo describió en el juicio como un catálogo de excesos:

El consumo excesivo de alcohol no era opcional; era el rito de iniciación y el motor de cada reunión tras la jornada. Incluyó en su carpeta que durante los seminarios de formación, la empresa obligaba a los empleados a compartir cama con sus colegas para «fomentar la unión». Sí, escuchaste bien, según él, : dormir con tu compañero de Excel era parte del contrato. Y, según sus palabras, los que no se sumaban al desmadre eran objeto de burlas, apodos degradantes y prácticas de «promiscuidad» que nada tenían que ver con la consultoría.

El Sr. T no se quedó de brazos cruzados y comenzó una épica batalla legal que llegó hasta las últimas consecuencias:

En su primer intento de demanda, Los tribunales inferiores inicialmente le dieron la razón a la empresa, argumentando que la cultura corporativa era parte del «ADN» del puesto.

El Sr. T apeló, argumentando que su «derecho a la desconexión» y su libertad individual estaban por encima de cualquier fiesta de oficina.

La Corte de Casación de Francia (el tribunal más alto del país) finalmente dictaminó que la empresa no puede imponer una «cultura de la diversión» que vulnere la dignidad del trabajador. El fallo estableció que el Sr. T tenía el derecho fundamental de no participar en actividades humillantes o excesivas sin que eso afectara su empleo.

En 2026 tras ganar la validez de su demanda, entramos en la fase que todos aman: la compensación. Este fin de semana, fuentes judiciales confirmaron que la cifra que el Sr. T reclama ha dejado a todos con la boca abierta:

• El monto solicitado asciende a casi medio millón de euros donde se han incluido  salarios caídos desde 2015, indemnización por violación de derechos fundamentales, daños por acoso moral y el perjuicio de haber sido señalado como «incapaz» por simplemente querer irse a su casa al terminar su turno.

Este caso ha resonado en todo el mundo porque toca la invasión de las empresas en la vida privada. En un mundo donde el «ponerte la camiseta» a veces significa perder tu dignidad, el Sr. T se ha convertido en el santo patrono de los que preferimos un libro y un té antes que un tequila con Recursos Humanos o las relaciones íntimas con la nómina.