
Lo que debía ser una celebración privada por su 66º cumpleaños se transformó ayer en el capítulo más oscuro para la monarquía británica contemporánea. En una operación que ha dejado atónitos a los súbditos y a la prensa internacional, agentes de la Policía del Valle del Támesis procedieron al arresto de Andrés Mountbatten-Windsor en su residencia de Wood Farm, dentro de la finca real de Sandringham.
A diferencia de los escándalos anteriores que se dirimieron en cortes civiles, esta vez el peso de la ley penal ha caído sobre el ex Duque de York. El cargo central es «mala conducta en el ejercicio de un cargo público».
La investigación criminal se desprende de la reciente desclasificación de millones de documentos del Departamento de Justicia de EE. UU. Según las fuentes judiciales, existen pruebas que sugieren que Andrés, durante su etapa como enviado especial de comercio del Reino Unido, pudo haber filtrado documentos gubernamentales confidenciales a su entonces amigo, el fallecido financiero Jeffrey Epstein.

Testigos presenciales informaron que el despliegue policial comenzó a primera hora de la mañana. No hubo sirenas ni dramatismo innecesario, pero la presencia de vehículos oficiales en los perímetros de Sandringham confirmó que la inmunidad de la que gozaba el entorno real se ha resquebrajado definitivamente.
Simultáneamente, la policía realizó registros exhaustivos en:
- Propiedades vinculadas al ex príncipe en Berkshire.
- Oficinas privadas en Norfolk.
Tras el arresto la policía desplegó un comunicado
«Como parte de la investigación, hoy hemos arrestado a un hombre de unos sesenta años de Norfolk bajo sospecha de mala conducta en el ejercicio de un cargo público»
La respuesta del rey Carlos III subrayó que la ley es igual para todos y que la Casa Real ofrecerá «total cooperación» a las autoridades.
Esta postura marca un punto de no retorno. Al despojarlo previamente de sus títulos y patrocinios, el Rey ya había trazado una línea de seguridad; con el arresto de ayer, esa línea se ha convertido en un muro.

Andrés Mountbatten-Windsor permanece actualmente bajo custodia policial para ser interrogado. Sus abogados han calificado la detención de «desproporcionada», pero el peso de las nuevas pruebas documentales vinculadas a la red de Jeffey parece haberle dado a la fiscalía el impulso necesario para actuar.
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Lo que queda claro es que este 19 de febrero no será recordado por el cumpleaños de un príncipe, sino como el día en que los fantasmas del pasado finalmente alcanzaron las puertas de palacio.
Actualización: Liberación de la custodia; Andrés fue fotografiado saliendo de una comisaría en Norfolk esta noche, y la policía confirmó que ha sido liberado, aunque continúa bajo investigación.
