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El fin de la infancia en Afganistán: El drama de las niñas bajo el régimen talibán

El drama de la pérdida de derechos en Afganistán sepulta el futuro de las niñas. Analizamos el retroceso humanitario y el impacto del matrimonio infantil.

Un matrimonio forzado entre un hombre mayor y una menor de edad

El silencio en las calles de Kabul se ha vuelto más denso, más frío y profundamente doloroso. Hoy, el mundo observa con horror absoluto cómo se desvanece la última línea de defensa para la infancia en Afganistán. Una devastadora reforma legal impuesta este año 2026 ha sepultado los derechos más básicos de las niñas, vinculando la elegibilidad legal para casarse directamente con la pubertad.

Esta medida reduce la vida y el futuro de una menor a un simple criterio biológico, abriendo las puertas para el matrimonio de niñas a partir de los diez años, e incluso a los nueve años, si las autoridades consideran que han alcanzado la madurez física y biológica.

Para dimensionar la magnitud de este abismo, es necesario mirar hacia atrás. Antes del regreso de los talibanes al poder, el Código Civil afgano fijaba la edad legal de matrimonio en dieciséis años para las mujeres y dieciocho años para los hombres, un umbral que, aunque frágil, ofrecía un amparo legal frente al abuso. Las reformas actuales han eliminado por completo ese límite de edad inferior, dejando a las niñas en un estado de absoluta indefensión.

Pero el golpe más alarmante e inhumano de esta nueva regulación radica en su redefinición de las palabras: el texto legal determina que se define como niño únicamente a los menores de nueve años. Al cruzar esa línea, cualquier menor queda fuera de esta protección legal, despojada de su infancia ante los ojos del Estado.

Esta reforma no es un hecho aislado, sino el golpe de gracia a una estrategia sistemática de borrado. Primero se les prohibió ir a la escuela, luego se les impidió trabajar, se les prohibió hablar en público y hoy se legaliza su entrega en matrimonio cuando apenas deberían estar aprendiendo a descubrir el mundo.

No estamos ante un debate jurídico o cultural, estamos ante una alerta humanitaria global que redefine la violencia institucionalizada contra la niñez. Mientras las leyes locales transforman los patios de juego en altares forzados, la comunidad internacional observa un retroceso histórico donde tener diez años ya no significa ser una niña, sino ser declarada legalmente lista para el matrimonio.

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