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Exequias del rey Harald V de Noruega: La despedida de Estado entre el luto real y la polémica judicial de Marius Borg

Noruega despide al rey Harald V en la Catedral de Oslo. Conoce los detalles del funeral de Estado, el ascenso de Haakon VIII y la controversia sobre Marius Borg.

Sonia de Noruega, ante el féretro de Harald

El último adiós al rey Harald V de Noruega tras su fallecimiento a los 89 años de edad se ha convertido en un auténtico torbellino mediático donde el boato de la realeza nórdica se cruza con el morbo judicial más insólito. Mientras el país cumple jornadas de luto oficial para despedir al soberano que gobernó durante más de tres décadas, las redes sociales y los motores de búsqueda arden por un detalle incómodo en el protocolo familiar: la escandalosa presencia de Marius Borg Høiby, el primogénito que la reina consorte Mette-Marit tuvo antes de su boda real.

El controversial joven, recientemente sentenciado a cuatro años de prisión por graves delitos que incluyen violencia de género y amenazas, acaparó la atención internacional al recibir un permiso penitenciario extraordinario para abandonar su arresto domiciliario y sumarse a las ceremonias de Estado.

Para asombro del mundo y desesperación de los asesores de imagen de la corona, el hijastro del monarca participó en el velatorio privado luciendo una tobillera electrónica de rastreo policial disimulada bajo el traje formal, generando una encendida controversia sobre los privilegios de las familias reales frente al sistema judicial.

El funeral de Estado tiene como escenario principal la emblemática Catedral de Oslo, el histórico templo luterano donde se congregan líderes internacionales, reyes europeos y jefes de Gobierno para la ceremonia solemne. Como clímax militar y estético de las exequias, cuatro cazas de combate F-35 del Ejército del Aire sobrevuelan la capital noruega en formación de honor justo al término de la misa, al mismo tiempo que las campanas de todas las iglesias del país repican al unísono durante sesenta minutos.

Tras el oficio religioso, el féretro es trasladado en procesión hasta la imponente Fortaleza de Akershus, una edificación medieval del siglo XIII donde el difunto rey es sepultado en el Mausoleo Real junto a sus antepasados. Este traspaso formal de época coincide con el primer saludo del nuevo monarca, el rey Haakon VIII, desde el balcón del Palacio Real, en un acto donde la joven princesa heredera Ingrid Alexandra asume un papel protagónico ante los graves problemas de salud de su madre Mette-Marit.

Este contraste entre cazas supersónicos, solemnidad milenaria y un integrante de la corte monitoreado por grillete electrónico ha transformado el sepelio real en una mezcla explosiva de devoción popular y debate ético altamente viral.

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