
Donald Trump recibe a los astronautas de Artemis II en la Oficina Oval. Bromas sobre la Luna, planes para Marte y el misterio de los 11 científicos desaparecidos.
El encuentro en la Oficina Oval entre el presidente Donald Trump y los cuatro astronautas de la misión Artemis II no fue solo un acto protocolario, sino una charla llena de anécdotas y declaraciones que ya le están dando la vuelta al mundo.
Con su estilo característico, Trump aprovechó para bromear sobre su propia condición física, asegurando que él no tendría ningún problema en viajar a la Luna porque se encuentra en un estado «físicamente muy, muy bueno», aunque admitió entre risas que quizás entrar en la pequeña cápsula Orión sería el único inconveniente.

Durante la reunión, el presidente se mostró especialmente interesado en lo que los astronautas sintieron al pasar por el lado oculto de la Luna, donde estuvieron completamente aislados de cualquier comunicación con la Tierra por cerca de 40 minutos. La comandante Christina Koch le describió cómo esa experiencia «te cambia la cabeza», mientras que Reid Wiseman destacó que pudieron ver la puesta y la salida de la Tierra desde una perspectiva que ningún humano había tenido en más de medio siglo.
Trump no solo elogió la valentía y el «genio» de la tripulación, llamándolos los pioneros modernos de una nación que siempre busca nuevas fronteras, sino que también utilizó el momento para enviar un mensaje político sobre el liderazgo de Estados Unidos. Les preguntó directamente sobre la competencia con China y Rusia en la nueva carrera espacial, reafirmando que bajo su administración el objetivo no es solo orbitar, sino establecer una base permanente en el polo sur lunar para finales de 2027 y, eventualmente, lanzar la primera misión tripulada a Marte.
En un momento más íntimo, el presidente felicitó a las familias de los astronautas presentes, reconociendo que el sacrificio de estar a más de 400 mil kilómetros de casa es algo que «pocos en el mundo podrían soportar».
Celebra el éxito de una misión científica mientras otros investigadores están desaparecidos
Sin embargo, el contraste de esta celebración es inevitable y sombrío. Mientras en la Oficina Oval se hablaba de la gloria de alcanzar las estrellas, afuera la prensa no dejaba de cuestionar sobre la misteriosa desaparición y muerte de 11 científicos nucleares y aeroespaciales vinculados a proyectos estratégicos de defensa.
El FBI ya ha tomado el control de las investigaciones para determinar si estas bajas de mentes brillantes son ataques coordinados para frenar el avance tecnológico del país. Así, entre las bromas de Trump sobre ser un astronauta en potencia y el asombro por las fotos del lado oscuro de la Luna, queda en el aire una pregunta inquietante: ¿cómo es posible que estemos conquistando el espacio profundo mientras no podemos garantizar la seguridad de nuestros científicos más importantes aquí en la Tierra?
