
Conoce la fascinante historia de Francisco y Josefa en 1790: un monje que fingió un pacto con el diablo por amor ante la Inquisición para estar con su amada.
¿Hasta dónde llegarías para estar con la persona que amas? En 1790, en las profundidades de Oaxaca, un monje dominico decidió que el cielo no era suficiente y buscó ayuda en el infierno. Los archivos del Archivo General de la Nación (AGN) resguardan el expediente de un hombre que prefirió un pacto con el diablo por amor ante la Inquisición antes que pasar un día más en el convento.
Esta es la historia de Fray Francisco Xavier Palacios, el hombre que inventó un demonio para intentar salvar su romance con Josefa.
El Pacto: Sangre, promesas y una figura de negro
Francisco Xavier no quería ser monje; quería ser el hombre de Josefa. Sin embargo, ella le lanzó un ultimátum: si dejaba el convento sin asegurar su futuro, ella buscaría a otro. Desesperado, Francisco se presentó ante el Tribunal del Santo Oficio con una confesión que heló la sangre de los inquisidores.
Aseguró que un hombre de aspecto melancólico y capa negra se le apareció para ofrecerle un trato. El precio: su alma. El pago: la libertad del hábito y el amor eterno de Josefa. Francisco llegó a redactar una «cédula» firmada con su propia sangre, renegando de su fe cristiana y reconociendo al «Príncipe de las Tinieblas» como su único dios.

La Muñeca: ¿Objeto satánico o fetiche prohibido?
Uno de los detalles más perturbadores del juicio fue la aparición de una muñeca de trapo. Francisco afirmó que el demonio le ordenó adorar ese objeto en secreto. Sin embargo, la investigación reveló un giro mucho más humano y escandaloso.
| Elemento | Versión de Francisco (El «Mito») | Realidad Judicial (La Verdad) |
| Origen | Entregada por el demonio. | Fabricada y enviada por Josefa. |
| Función | Objeto de culto satánico. | Fetiche erótico para sentirla cerca. |
| El Mensaje | «Adorarás por mí». | «Juega con esto, aunque quisiera que jugaras conmigo». |
Los inquisidores, lejos de creer en la posesión, descubrieron que la muñeca era un consuelo erótico que Francisco usaba en la soledad de su celda para «deleitarse torpemente» con la memoria de su amada.
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El veredicto: La mentira que no lo salvó
Al final, la Inquisición determinó que Francisco no era un servidor de Satanás, sino un hombre «ciegamente enamorado» e ingenioso que inventó el pacto para que lo expulsaran de la orden. No obstante, no salió ileso.
Fue condenado por apostasía, no por brujería. El fraile había comenzado a predicar entre sus compañeros que el infierno era un cuento y que las almas simplemente pasaban de un cuerpo a otro, lo que le valió el encierro en las cárceles secretas del Santo Oficio.

Fuente: Gobierno de México
